Recuerdos de la infancia que han llevado a Marcos a reflexionar, con esta alegoría que también tiene tintes metafóricos impregnados de sentimientos, nuestro monitor nos nos hará viajar en el tiempo y nos solicitará un deseo, un deseo que el club quiere hacer suyo también.

Gracias Marcos por dejarnos entrar en tu pensamiento.

CRUZAR LA LÍNEA

Ahora que da comienzo la temporada….ahora que soy padre….ahora que veo a mi hijo jugar en campos de hierba….me asaltan multitud de imágenes y recuerdos de mi juventud.

No soy ni viejo, ni joven sino todo lo contrario….

Nací en el 74 y crecí en Getafe, un pueblo del sur de Madrid que un día fue un pueblo….y bajo el paraguas de la industria y la emigración rural fue haciéndose mayor. Y el asfalto engulló a la tierra, el tráfico devoró el silencio y la multitud sepultó las costumbres.

Pero tuve una infancia y una adolescencia completamente felices en un lugar que hizo de la pluralidad de sus gentes su identidad y su razón de ser.

Y allí, en mi pueblo, en mi ciudad, donde ahora gobiernan, con la tiranía que genera el progreso, bloques de viviendas y oficinas bancarias, se erguía orgulloso ante nuestras ingenuas miradas infantiles…..¡¡EL CAMPO DE LA RABIA!!

Un potrero de tierra y piedra con más agujeros que calidad pero menos que ilusión.

Un campo de los de toda la vida, de los de cualquier lugar de la España de principios de los 80. Seguro que los que sois de aquella generación sabéis de lo que hablo….

Campos que ya nacieron viejos, en los que no dolían tanto las rodillas ensangrentadas como el orgullo de la derrota y donde los vestuarios y las redes de las porterías convivían en el mismo sitio……..en nuestra imaginación.

Campos de balón MIKASA, con el que rematar de cabeza te otorgaba liderazgo y gallardía dentro del equipo pero también un considerable dolor de cabeza. Y si llovía……………

Pero lo que hacía especial a aquel campo era su ubicación a las afueras del pueblo, paralelo a las vías del tren y después…..la nada más absoluta, un espacio infinito en el que niños, SÍ niños, y no tan niños esnifaban pegamento, compulsivamente y por turnos, dentro de una bolsa de plástico.

El Campo de la Rabia te dotaba, dentro de nuestra estúpida inconsciencia, de un aura especial, de un status exclusivo.

Ya no jugabas al fútbol……jugabas al fútbol en el Campo de la Rabia, un lugar donde residían el peligro y la constante tentación de cruzar la vía, de CRUZAR LA LÍNEA.

Ahora que da comienzo la temporada….ahora que soy padre….ahora que veo a mi hijo jugar en campos de hierba…ahora que recuerdo todo aquello con cierta nostalgia os pediría, me pediría, que inculquemos a nuestros pequeños proyectos de persona los valores de este deporte, de todos los deportes.

Que tratemos de modelar jóvenes con ambición pero con humildad, que sepan digerir la derrota pero, sobre todo, la victoria, que es el termómetro de la vanidad.

Disfrutemos de nuestros niños, de sus regates, de sus carreras, de sus remates, de sus sonrisas y hasta de sus enfados y errores puesto que en su fútbol, con hierba, vestuarios y redes, lo importante no es el gol, lo importante no es que el balón cruce la línea, lo realmente importante es QUE SEAN ELLOS LOS QUE NO LA CRUCEN.

Marcos Quinzano Ruiz

Segundo entrenador Prebenjamín A.