¿Por qué los niños abandonan el deporte a partir de los 13 años?

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Ahora que va a empezar la nueva temporada es cuando muchos adolescentes les dicen a sus padres/madres que no quieren seguir haciendo deporte, a continuación os ofrecemos un artículo sobre esta problemática que nos preocupa bastante a todos los que estamos relacionados con el deporte de base, y es el alto índice de abandono que se registra en el deporte infantil tras el salto a la enseñanza secundaria. El artículo en cuestión se centra en un estudio sobre el deporte infantil realizado en EEUU pero los datos se podrían extrapolar perfectamente a Europa. Debemos hacer una profunda reflexión sobre los datos que aparecen para tratar de reducir las tasas tan altas de abandono deportivo. 

Según refleja la Encuesta de Hábitos Deportivos de la Población Escolar en España, el porcentaje de práctica deportiva entre los jóvenes españoles disminuye pasando del 64% entre los 6-7 años al 50% entre los 16-18 años. Durante la etapa de primaria, la práctica se mantiene constante con un ligero incremento hasta llegar a los 10-11 años, siendo en el paso a secundaria (equivalente a los 12-13 años) cuando se inicia el descenso.

Las cifras en Estados Unidos tampoco son demasiado alentadoras. Según la encuesta de National Alliance for Youth Sports (Unión Nacional del Deporte Juvenil, en castellano) alrededor del 70% de los niños estadounidenses abandonan los deportes en grupo a la edad de trece años porque “ya no es divertido”. “Yo tengo tres hijos, todos practican deporte, y el mayor está a punto de cumplir los trece. Puede que hasta hace unos años no entendiera por qué sucedía esto, pero tristemente, sabiendo lo que sé ahora, el éxodo masivo de los adolescentes en el mundo del deporte tiene sentido”, explica Julianna Miner, profesora de Sanidad Pública en una Universidad.

El “ya no es divertido” no es realmente el problema; es una consecuencia de una serie de cuestiones culturales, económicas y sistemáticas que se traducen en nuestros hijos en el abandono de los deportes justo en el momento en el que más se podrían beneficiar de ellos.

Practicar un deporte aporta lo mejor de la actividad física, experimentar el éxito pero también el fracaso, calcular riesgos, enfrentarse a las consecuencias de trabajar en equipo y alejarse por momentos de la actual omnipresencia de las pantallas. Nuestros estudiantes de secundaria necesitan el deporte más que nunca.

Estas son las razones por las que el deporte ha perdido atractivo para los niños, y por qué se está abandonando tanto a una edad tan temprana:

Ya no es divertido porque no está diseñado para serlo

Conforme los niños se acercan a la enseñanza secundaria, el sistema de organización deportiva da un giro hacia la demanda de jugadores mucho más competitivos y, por tanto, aumentan las expectativas depositadas en ellos. Normalmente, la mentalidad es que la mayoría que lo dejan a los trece son aquellos que tampoco valen para formar parte de un equipo deportivo en el instituto de todas formas.

Además, aquellos que aguantan, descubren que estar en un equipo implica un mayor compromiso de tiempo y esfuerzo. También significa estar rodeado de personas preocupadas por los resultados. Esto, en consecuencia, trae consigo el potencial de experimentar la decepción o incluso ser la causa de la misma. No hay nada malo en ello, e, increíblemente, puede enseñar importante lecciones sobre el trabajo duro, la resiliencia y la personalidad – pero no está hecho para todos.

Nuestra cultura ya no apoya a los adolescentes que siguen jugando simplemente por el placer de hacerlo.

La presión de criar niños “prodigio” significa que esperamos de ellos que sean los mejores. Si no lo son, se les incita a dejar lo que no se les da bien y centrarse en otras áreas en las que sí pueden destacar. Lo vemos en la orquesta del instituto, donde el niño al que relegan a un segundo plano se plantea si vale la pena seguir. Si una estudiante de secundaria no es seleccionada para un equipo de fútbol, empieza a preguntarse si quizá es hora de dejarlo todo de una vez, creyendo que, si no ha alcanzado ese nivel tan alto, ¿quizá ni siquiera vale la pena intentarlo?

Para la pequeña minoría que juegan en el nivel de élite y les encanta, la idea de dejarlo en secundaria es probablemente impensable. Pero para el resto, lo que queda son pocas oportunidades de jugar, un ambiente más competitivo y menos desarrollado en el que participar y sí muchas otras cosas en las que ocupar el tiempo libre después de las clases.

Una clara presión para que los niños se especialicen y alcancen el mayor nivel posible

A los jóvenes se les presiona cada vez más para que encuentren “su pasión” y destaquen en esa área (bien sea música, arte, deportes, etc). Y realmente hay niños para quienes esto funciona, pero desde luego no es la norma (a pesar de las expectativas del personal de admisión de las escuelas). Muchos se oponen a esta tendencia, porque el mensaje reside esencialmente en elegir una cosa y especializarse en ello (excluyendo así la búsqueda de otros intereses). Para los jóvenes atletas, la especialización temprana puede ser dañina en lo que se refiere a lesiones a largo plazo, y ofrece pocas posibilidades en lo que se refiere a un exitoso futuro profesional o universitario.

Quizá lo más importante, el mensaje entre líneas de “tengo que ser el mejor o he fracasado” sea profundamente perjudicial para los niños. Esto se ve reflejado y reforzado en la escuela, donde todo se centra en los exámenes y la búsqueda de resultados. Los deportes pueden ser cruciales para enseñar a los niños cómo fallar y recuperarse, algo que educadores y padres ven cómo absolutamente necesario. En la privilegiada Washington, D.C., barrios como Fairfax y Montgomery (y en otros puntos del país), muchos adolescentes viven estresados hasta el punto de desarrollar ansiedad y depresión. Y ya se observan comportamientos repetitivos insanos y un incremento de las tasas de autolesiones y suicidios. Esto no es un problema del deporte, sino de la cultura.

Ser competitivo tiene un coste y no todo el mundo está dispuesto o es capaz de pagarlo.

Para los niños, jugar en un nivel más alto puede significar tener que priorizar sus compromisos e intereses y dedicarse a ello incansablemente. También significa que tienen que ser capaces de enfrentarse a la presión de competir en un nivel superior. Esto puede traer cosas positivas – siempre que se muevan en un ambiente saludable. Pero hay otros factores que contribuyen a las capacidades de los jóvenes deportistas no solo para competir, sino también para ser vistos como competitivos, y yo pongo en duda lo sano que todo esto puede resultar para las familias.

Practicar durante todo el año, equipamientos caros, entrenamiento personalizado, campamentos, torneos y participar en equipos seleccionados en diferentes lugares de la geografía ya no es una “opción” para alcanzar el éxito en el deporte juvenil, al menos no como se concibe en los institutos. La inversión de tiempo y dinero que todas estas cosas requieren es considerable, lo que contribuye a crear un ambiente donde los niños procedentes de familias monoparentales o con menores ingresos simplemente se quedan fuera del juego.

Y, por supuesto, es simplemente cuestión de la edad.

A los trece, los chicos, generalmente, tienen más cantidad de deberes (y más difíciles). La mayoría, además, se ven presionados para empezar a elegir aquello que les interesa más y en lo que son mejores. Ya no hay tiempo para hacer tantas cosas como en primaria.

Algunos de los principales cambios sociales y emocionales que experimenta un niño de trece años también lo predisponen a tomar decisiones como dejar el deporte, especialmente cuando este ambiente se hace muy competitivo. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés) lo describe en su página sobre el desarrollo como “centrarse en sí mismos… un paso a medio camino entre las altas expectativas y la falta de confianza.” Los niños se centran en sus amigos – y también se ven influenciados por ellos-, muchos de los cuales vienen de recorrer el mismo camino en clubes deportivos.

Cualquier debate sobre los adolescentes debe también incluir el papel de las redes sociales, 

los smartphones e Internet. Según el estudio sobre Internet del Centro de Investigaciones Pew, muchos niños estadounidenses reciben su primer móvil o dispositivo electrónico a los 12 años. Entre los 13 y los 17, el 92% asegura conectarse a internet todos los días, y el 24% lo hace “casi constantemente”. Cuando los niños se hacen adolescentes, sus prioridades cambian. Cómo socializan, estudian y pasan su tiempo libre es algo que cambia con ellos.

Estas cosas, en conjunto, se convierten en la tormenta perfecta. Y no hay respuestas fáciles. El sistema de deporte infantil está establecido para servir a la élite conforme se acercan a la secundaria, dejando pocas oportunidades para los niños que están dentro de la media. Nuestra cultura fomenta la especialización y el éxito, que lleva a los niños a dejar de intentar cosas nuevas o simplemente a seguir jugando por diversión.

Y todo esto converge en un momento en el que están sufriendo el mayor cambio físico, emocional y social así como hacer frente a la presión y reducir sus intereses al mínimo para tener que centrarse en los estudios.

Entonces, ¿por qué el 70% de los niños deja el deporte a los trece y qué podemos hacer al respecto? Yo discrepo de la idea de  que muchos niños abandonan porque no les hemos ofrecido alternativa para quedarse. Pero quizá más importante: hasta que no desmantelemos la cultura parental que prioriza el logro y los éxitos por encima de niños felices y sanos, no tendremos oportunidad de resolver el problema

Fuente: www.yosoynoticia.com

Sergio Farré Robador