Messi o Maradona

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Se han vertido ríos de tinta en el eterno debate sobre quien es mejor futbolista, si Messi o Maradona.

Nuestro amigo y entrenador de la base Marcos Quinzano nos trae un análisis minucioso de los factores extra deportivos que han rodeado a estos dos cracks mundiales y aprovechando este análisis, os proponemos que participéis votando al final del artículo quien de los dos es mejor para vosotros.

MARADONA O MESSI……..LEO O DIEGO

Tengo cuarenta y seis años, y no es un dato nimio que deje caer para que conozcáis mi edad, que supongo que a nadie le importa, sino para justificar y dotar de cierto respaldo cronológico a lo que quiero exponeros. Como decía….. cuarenta y seis “tacos”……. y tengo, y he tenido, la gran fortuna, como muchos de vosotros, de haber disfrutado con estos dos genios.

Pero no se trata simplemente de haberlos visto jugar, algo que cualquiera puede conseguir a través de vídeos de Youtube, sino de conocer y reconocer el entorno y el contexto histórico en el que han desarrollado su juego.

Vaya por delante que, aunque inevitable, creo firmemente en lo injusto de la comparación. Los jugadores, como seres humanos, no son un todo en sí mismos que viven ajenos a los múltiples factores que orbitan, ineludiblemente, a su alrededor. Por lo tanto reconozco y me culpo por ello, la torpeza absurda que supone enjuiciarlos sin atender a ciertos criterios y condicionantes geopolíticos, económicos y sociales que determinan el desarrollo de sus carreras.

Dicho lo cual, voy a tratar de ser lo más objetivo posible, aunque como todo el mundo tenga una opinión formada, y empezaré por constatar que jamás vi a ningún jugador con tantísimo talento natural y una técnica tan exquisita y depurada como Maradona, jamás……………… pero jamás vi a ningún jugador tan determinante e influyente en el desarrollo del juego, a lo largo de tantos años, como Messi, jamás……………….

Cuando Diego sale de Barcelona en el verano del 84 es indiscutiblemente, sino el mejor, uno de los mejores jugadores del mundo y acaba recalando en las filas del Nápoles, un equipo mediocre que, si mal no recuerdo, había tenido serias dificultades para salvar la categoría esa misma temporada. Pero también aterriza en Nápoles, la ciudad…………….y quienes hayan tenido la oportunidad de visitarla ya saben a lo que me refiero. Caótica, ruidosa, bulliciosa, folclórica, sin ningún atisbo de orden establecido y en la que se pueden palpar miseria y necesidad a partes iguales.

Ese es el ambiente que se respira en un lugar que los propios italianos, sobretodo en el norte, rico y opulento, consideran apestado y al que tratan de excluir desde el rechazo y la indiferencia. Una ciudad en la que, cuando no llega la cobertura social del estado, que es casi siempre, gobierna la Camorra para ocupar ese vacío de poder y aliviar así las necesidades sociales más básicas de su gente a cambio de “pequeños favores”.

Inmerso en ese contexto social, Diego, joven, impulsivo, humanamente inconsciente y con una incontinencia verbal ampliamente contrastada, se posiciona políticamente a favor del sur de Italia, sistemáticamente vilipendiado, ridiculizado y convertido en el hijo tonto y no deseado de un país en el que se percibe una enorme fractura entre norte y sur.

Ese guiño de Maradona, que Messi, un muchacho mucho más discreto, moderado y aséptico, probablemente nunca habría realizado, otorga a Diego un estatus de icono social que va mucho más allá de la propia dimensión futbolística del jugador elevándolo a la categoría de abanderado de la causa, de héroe del pueblo. Durante la estancia de Diego en el club los napolitanos conquistaron, entre otros títulos, la antigua Copa de la UEFA, su único título europeo de prestigio hasta la fecha, y sus dos únicos Scudettos, pasando por encima del Imperio del Norte: El Milán de Sacchi y los holandeses, la Juve de Platiní y aquel Inter germanizado liderado por Lothar Matthaus, escuadras temibles que pasaban su rodillo sobre la Europa futbolística cuando el dominio, tanto económico como deportivo, del fútbol italiano a nivel internacional era incontestable.

Hasta tal punto llegó la conexión visceral y el nivel de hermanamiento entre Nápoles y Diego que cuando se celebró en Italia el Mundial del 90, el destino deparó un cruce entre italianos y argentinos en semifinales que se habría de disputar precisamente en Nápoles, en San Paolo, en el templo de Maradona. Esta caprichosa casualidad acabó desatando una enorme tensión y un conflicto inaudito que sacudió las entrañas del país transalpino puesto que los tifosi napolitanos se habían alineado abiertamente con la Argentina de Diego en lugar de apoyar a esa Italia que les ninguneaba y a la que no sentían como propia.

En Argentina la historia es similar……………………..

Cuando se disputa el Mundial de México 86, Argentina, en su identidad de país, en su orgullo patriótico, aún tiene muy presente una herida sin cicatrizar, la Guerra de las Malvinas, acaecida apenas cuatro años antes y en la que sufren una sonrojante derrota militar a manos del ejército británico. El destino, la justicia poética o como queramos llamarlo, empareja en cuartos de final a Inglaterra y Argentina, y Diego, con aquellos dos goles y, sobretodo, con la manera de conseguirlos, vuelve a trascender de deportista a personaje, de futbolista a héroe patrio. Si a esto le sumamos que Argentina acabó conquistando aquel mundial………………

Por todo esto, no debería extrañarnos que un napolitano, y casi cualquier argentino, se ofenda ante una comparación que ,según ellos, no se sostiene, si se trata de elevar a Messi a la altura de Maradona. Al igual que casi ningún culé, más aún si es joven, entenderá que se pueda comparar a Leo con Diego.

Creo, honestamente, que la comparación siempre hará más daño a Leo puesto que cuando el fútbol adquiere tal dimensión social que es capaz de derribar las barreras del propio deporte para transformarse en una cuestión de piel, de patria, de orgullo y de vida, hay que estar donde se escribe la historia y nadie puede elegir el momento que le toca vivir.

Creo, sin lugar a dudas, que Maradona nunca habría sido Messi en el Barça, de la misma manera que Leo nunca habría sido Diego en Nápoles y es que con la tripa llena nos deslumbran los artistas pero con el estómago vacío y el orgullo herido, además necesitamos héroes.

Y para tí, ¿cuál de los dos es el mejor?

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