Fútbol base, ¿Ganar o formar?

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En la actualidad, actividades como el fútbol base están experimentando un crecimiento plausible en todos los sentidos, provocando que alguno de los debates que siempre existieron en la iniciación deportiva se extienda a toda su comunidad. Uno de los debates más conocidos es el que aparece entre los que entienden que el fútbol base es una actividad pensada para formar y los que entienden que es una actividad, aunque en ella participen niños, pensada para ganar. Lo ideal, quizás, es no estancarse en este debate donde las soluciones posibles sólo puedan ser blanco o negro, sino analizar qué es el fútbol base e intentar resolver esta dicotomía.

El fútbol base tiene muchos objetivos y la mayoría de ellos complementarios. Algunos de estos objetivos son optimizar el desarrollo psicomotriz de los niños, mejorar su socialización, consolidar el gusto por el deporte,… Pero también tenemos que entender que una escuela de fútbol tiene como objetivo formar futbolistas, objetivo perfectamente compatible con muchos otros, entre ellos los anteriormente citados.

Pero de la misma manera que entendemos que una escuela de fútbol tiene como objetivo formar futbolistas, una escuela de fútbol debe saber que, posiblemente, un porcentaje alto de sus niños y niñas no llegarán a la edad adulta practicando ese deporte, por lo que los formadores debemos tratar de desarrollar una formación integral, y no únicamente una formación futbolística. La formación debe de estar presente siempre en el fútbol base, no sólo a nivel futbolístico sino también a nivel personal.

En cuanto a la formación específicamente futbolística debemos decir que ciertas prácticas que tienen lugar en los momentos de competición van completamente en contra de los principios formativos y, por lo tanto, su aparición refleja que la persona responsable de ese equipo en cuestión busca ganar por encima de formar. Algunas de estas prácticas podrían ser:
Que el portero del equipo no sea el encargado de sacar de puerta, dejando esa función a otro jugador que le pegue más fuerte para alejar el balón de su propia portería, limitando que el portero aprenda una acción básica para su puesto.
Aprovechar faltas que tienen lugar en el medio del campo para tirar a portería con uno de sus jugadores que le pegan fuerte al balón, beneficiándose de que el portero no llega al larguero para anotar un gol.
Repetir alineaciones todas las jornadas jugando varios niños el triple de minutos que otros compañeros.
Protestar de forma continuada al árbitro con el fin de conseguir decisiones a favor del equipo.
En etapas donde el portero no tiene fuerza para realizar pases elevados presionar con todo el equipo el saque de puerta rival.
Esto no quiere decir que en el fútbol base no haya que intentar ganar. No debemos de hacer apología de la frase que dice que lo importante es participar. El fútbol base es un deporte y como todo deporte lleva implícito el competir. Debemos enseñar que en el deporte no intentar ganar es ser un competidor deshonesto. Hay que considerar el ganar como una parte más del proceso formativo de un deportista. Pero nosotros, como entrenadores, tenemos la suerte de poder decidir cómo queremos ganar. No se puede ganar a cualquier precio, olvidando la parte formativa de la etapa en la que nos encontramos. Pero, una vez que tengamos claros qué límites no vamos a traspasar en la búsqueda de la victoria, hay que intentar ganar siempre.

Fuente: www.futbolbase10.com

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